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El mundo invisible de las ideas

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El mundo invisible de las ideas

Según lo que nos van revelando los físicos teóricos y los neurocientíficos, podría decirse que las ideas también son materia, materia sutil perteneciente a la dimensión subatómica. Por ello y con los instrumentos adecuados, como toda materia visible o invisible, las ideas podrían ser medibles, predecibles, clasificables y, por supuesto, rentables. Simplemente, tendríamos primero que aprender a tomar las ideas flotantes del espacio cuántico, luego a diseñarlas, seguidamente fabricarlas, después empaquetarlas y finalmente, comercializarlas. Todo un arte. Un arte no automatizable, por cierto y por tanto, mucho más valioso que el dinero.

Iniciando la década de los ochenta empezaba hacer mis primeros negocios, pensando más seriamente como emprendedor ya que nunca me ilusionó la idea de trabajar, prefería disfrutar pero todos decían que esos eran solo sueños irresponsables. Tenia 17 años (pero desde los 6 ya estaba canjeando, negociando y vendiendo cromos en el colegio mientras los demás niños jugaban durante el recreo) y hasta ese entonces pensaba, como la mayoría, que el dinero movía el mundo y que para ganártelo se precisaba tenerlo para invertir. Ese fue el modelo familiar que heredé. Trabajabas, ahorrabas e invertías.

Curiosamente, más adelante me enseñaban el mismo modelo en las cátedras de negocios siguiendo los lineamientos de Adam Smith, en su súper clásico “La riqueza de las naciones”. Pero fue solo hasta los 22 años que me acompañó este principio tradicional de la economía. De pronto, como buen homo sapiens movido por la curiosidad y de forma natural comencé a identificar patrones y un día, sin habérmelo propuesto… eureka! descubrí el poder oculto e intangible del mundo de las ideas. Recuerdo bien aquel liberador momento que me permitió ver y empezar a encontrar las soluciones a los problemas, preocupaciones, crisis, etc. que todos vamos buscando sin fijarnos que las tenemos casi siempre a simple alcance y, prácticamente, frente a nosotros. La ventaja de ver lo invisible y oír lo inaudible.

De esa forma y con menos de 20 años me inicié como asesor ayudando primero: a algunos conocidos, a mis amigos más queridos, a mis familiares más próximos, a mis padres por supuesto y a mí mismo. De hecho, financié todo el resto de mi carrera, la posterior especialización y mi primer auto, sin emplear dinero. Asimismo, la compañía que dirijo actualmente tampoco empleó un solo dólar (hasta hoy mi más secreto orgullo). Creo ese fue el breakpoint. Cuando vi que las ideas no solo me procuraban soluciones sino que también podían ayudarme a fabricar mis propias oportunidades. Entonces y sin cumplir los 22 decidí renunciar al plan de buscar trabajo (nunca preparé un CV en mi vida) y empezar una estimulante carrera como chef del conocimiento, diseñador de conceptos e inventor de futuros. Realmente, aquellos distantes días de 1989 resultaron súper desafiantes y estimulantes. Establecerme el reto de ganarme la vida, literalmente hablando, vendiendo ideas, fue toda una innovación extemporánea. Un desafío no apto para todos.

Establecerme el reto de ganarme la vida, literalmente hablando, vendiendo ideas, fue toda una innovación extemporánea.
Mirando ahora tres décadas hacia atrás, quienes nos compramos la propia y disruptiva (dirían ahora) idea de hacerlo, tuvimos que aprender a viajar sin mapas, convencer sin pruebas, romper las reglas sagradas del management y recibir muchas, bastantes, demasiadas críticas… que persisten hasta el día de hoy, gracias a la buena fortuna, pero ahora como combustible precioso para enfrentar la adversidad que toda idea nueva tiene que superar.

Sin embargo, en el balance de lo tangible e intangible, las satisfacciones han sido mucho mayores y si tuvieras que volver a decidir, no dudaría en un instante en el otro lado, en la alegría de emprender sin saber, enfrentar el misterio de lo desconocido , disfrutar de la aventura permanente de la incertidumbre, gozar la adrenalina de vivir al borde del fracaso y la atracción del éxito. En fin, desintegrar montañas de imposibles y mover universos enteros, sin centavo alguno, solo tu capital intelectual y la energía de una sola y poderosa idea, es algo que todo el dinero del mundo no se alcanzaría para comprar.

Carlos A. Navarrete [/ vc_column_text] [/ vc_column] [/ vc_row]

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