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Campeonatos vs Campeones

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No pain. No gain. Es lo que decía siempre a sus seguidores del físicoculturismo en todo el mundo, Arnold Schwarzennegger, siete veces ganador del premio Mister Universo. Igualmente podría decirse para todos en el cuadro ejecutivo principal de una compañía; si vas a ir al gimnasio de la planeación una sola vez al año (como casi todas las empresas pretenden), resultará imposible que en uno o dos fullday, con especialistas externos o individualistas domésticos, puedas desarrollar toda la potencia, los músculos, las fortalezas y las estrategias que tu organización necesita para competir con auténtica solvencia y competencia en la olimpíada permanente de los negocios. No way.

Al igual que un atleta profesional, los managers en una corporación deben aprender a cultivar y fusionar las milenarias disciplinas del pensamiento estratégico y del planeamiento creativo, de manera semanal y permanente en el tiempo. Sé bien que solo oír esto duele mucho a unos y parecer absurdo a otros.

La planeación no es un suceso anual, es un proceso continuo. Verlo como un ejercicio de fin de año es síntoma de falta de comprensión sobre la real dimensión e importancia de una dirección con estrategia. De otra forma, simplemente nos estamos engañando olímpicamente, como aquellos muy entusiastas amigos que van al gym para ejercitarse una hora y pasar charlando, chateando o bebiendo café, otras dos. No hay forma.

El primer gran desafío que enfrentamos siempre al iniciar uno de nuestros programas anuales de planeación, no es la resistencia al cambio, el temor a la innovación o el pánico a salir del confort gerencial, ni siquiera todos los dígitos en la factura. Es algo mucho más poderoso y paralizante; la aversión a invertir tiempo en pensar. Es increíble. Todos quieren más ventas, más utilidades, más rentabilidades, pero nadie quiere exigirse a tomar tiempo de su agenda para planificar, pensar, diseñar e idear nuevas estrategias constantemente, en el objetivo de incrementar ventajas o reducir brechas con sus competidores. Para hacer el verdadero trabajo de la dirección: ver el futuro y guiar a sus seguidores hacia las metas.

El primer gran desafío que enfrentamos al iniciar los programas anuales de planeación, no es la resistencia al cambio, el temor a la innovación o el pánico a salir del confort gerencial… es la aversión a invertir tiempo en pensar.

Managers así me recuerdan a mis antiguos compañeros del béisbol y del fútbol. Todos queríamos ser titulares, competir y ganar el torneo. Ser estrellas de nuestro equipo. Ser campeones. Pero nadie quería tomarse en serio el esfuerzo de autoentrenarse (con planchas, ranas, barras y abdominales extras) más allá del training grupal con el Coach, sacrificando sus agendas de música, amistades, baile y diversión. Mejor dicho, casi nadie. Mi abuelo me decía siempre: “de 9 a 5 solo vas a competir pero nunca vas a campeonar en la vida”. Me notifiqué en una. Y es justamente “esa inútil pérdida de tiempo” lo único que te puede asegurar el objetivo, el resultado, el éxito. 

20 años acompañando los planes estratégicos de centenares de directivos y empresarios nos han enseñado, dramática y lamentablemente en ocasiones, que si no te decides a cargar tus pesas y correr en la faja de la innovación diaria, apasionada y obsesivamente con todos tus ejecutivos hasta alcanzar el “punto de dolor”, como instruía el viejo Arnold a sus discípulos, no habrá progresos, no habrá resultados. Solo tendrás planes y más planes, solo sueños, solo deseos, año tras año.

Carlos A. Navarrete

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